Los retos de las abogadas jóvenes en México en la actualidad
Sofía Bonilla
26 de Junio, 2026

Estudiar la carrera en Derecho en México a día de hoy a simple vista, pareciera ser un acto igualitario. Las aulas están con presencia de mujeres, de todos los orígenes, lugares y espacios, los planes de estudio y forma de evaluación son los mismos para todas y todos, y los títulos llevan el mismo sello universitario sin importar el género de quien los recibe. Sin embargo, al momento de atravesar de la facultad al mundo profesional nos topamos con una brecha entre lo que se promete y lo que se vive, para las abogadas jóvenes, esa brecha tiene nombre, rostro y contexto.


El contexto sí importa. Durante siglos, el Estado mexicano no sólo excluyó a las mujeres del poder sino que lo usó activamente para someterlas. Por eso la llegada de una mujer a la Presidencia de la República no es un dato estadístico ni un logro menor, es la ruptura de una línea de más de 200 años en la que esa silla fue ocupada, sin excepción, por hombres que en muchos casos gobernaron también sobre los cuerpos, las decisiones y libertades de las mujeres. Por primera vez en la historia del país, la figura de mayor autoridad del Estado mexicano tiene rostro de mujer. Y eso lo cambia todo, o al menos, debería cambiarlo.


Y no es un hecho aislado, con la llegada de una mujer a la presidencia de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, primera mujer en ocupar ese cargo, junto con la presencia de mujeres al frente de sectores clave del gabinete federal, deja ver un México que nunca antes se había pensado, el poder público con rostro femenino no como excepción, sino como tendencia.


Una tendencia que incomoda, no desde la política, sino desde algo más profundo, desde las estructuras, costumbres y los privilegios que durante siglos operaron sin cuestionarse. Y ahí, justo en esa incomodidad, es donde las jóvenes abogadas de hoy se enfrentan uno de sus retos más latentes, no es la falta de referentes, sino el sistema que aún no sabe qué hacer con ellas.

Sin embargo, estos avances en los espacios de decisión coexisten con una realidad que no le ha seguido el paso, y que a veces pareciera pertenecer a un país completamente distinto. 


El primer reto para las abogadas jóvenes es la entrada al mercado laboral. Según datos de DataMéxico (Secretaría de Economía), el salario promedio mensual en el sector jurídico ronda los 12,000 pesos para personas recién egresadas, una cifra que en ciudades como la Ciudad de México, Guadalajara o Monterrey no alcanza para vivir sola, moverse, vestirse de manera profesional y todavía llamarle libertad económica.


A ello se suma la informalidad del primer empleo, muchas jóvenes abogadas inician su carrera en despachos pequeños sin contrato formal, lo que en términos reales significa no tener acceso al Instituto Mexicano del Seguro Social, prestaciones ni protección ante el despido. La urgencia por acumular experiencia se traduce en quesaben que necesitan ese lugar más de lo que ese lugar las necesita a ellas.


El segundo reto es la visibilidad, o precisamente, la falta de ella. Las abogadas jóvenes suelen aparecer raramente en los créditos. El Center for WorkLife Law, en colaboración con la American Bar Association, tiene nombre para este patrón, prove-it-again, demuéstralo otra vez. Al género masculino, genéricamente, se les cree capaces hasta que se demuestre lo contrario. Al género femenino se les exige demostrarlo, una y otra vez.


El tercer reto es la identidad profesional. El derecho como gremio construyó sus estándares, su lenguaje, sus rituales y su cultura desde una mirada históricamente masculina, y en gran medida, ahí siguen. La manera en que se litiga, cómo se ocupa el espacio en una sala, qué se considera autoridad y qué se percibe como agresividad, todo ello fue definido por unas reglas de un juego que hoy es diferente. 


Algo sí está cambiando, y vale la pena nombrarlo. Las redes de abogadas, los programas de mentoría y los espacios de intercambio generacional están creando referentes donde antes no los había. Eso no significa que se subsanen los obstáculos, pero cambia la conversación, y al cambiarla, te obliga a tomar postura. 


Siendo que, como conclusión, la pregunta no es si las jóvenes abogadas están preparadas. La pregunta es por qué el sistema mexicano sigue actuando como si no lo estuvieran.


*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de su autora y no necesariamente reflejan la posición de Abogadas MX.


Referencias:

DataMéxico, Secretaría de Economía. (2024). Perfil del sector jurídico en México. https://datamexico.org 


Center for WorkLife Law & American Bar Association. (2019). You Can't Change What You Can't See. https://biasinterrupters.org


International Bar Association (IBA). (2022). México: igualdad de género en la profesión jurídica. https://www.ibanet.org

Sofía Bonilla

Sofía Bonilla es estudiante de la Licenciatura en Derecho en la Universidad de Monterrey e integrante del grupo de práctica de Comercio Internacional en Baker McKenzie desde 2024. Su trayectoria se distingue por un alto compromiso con la excelencia académica y ética, siendo miembro activo de Phi Delta Phi, la sociedad legal de honores más grande del mundo. En su práctica profesional, destaca como colaboradora en diversas publicaciones de la firma, donde participa en el análisis y la difusión de temas legales novedosos y actualizaciones regulatorias clave para el entorno del comercio global.

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