¿Cada vez somos más abogadas en México?
Daniela Pier
19 de Junio, 2026

Hace unas semanas asistí a un evento donde lo que más me llamó la atención fue mi entorno: éramos, mayoritariamente, mujeres. Abogadas jóvenes, estudiantes y directoras jurídicas compartiendo trayectorias y liderando paneles que, hace apenas unos años, habrían estado dominados por hombres. Esta observación me llevó a preguntarme: ¿realmente hay cada vez más abogadas en México?


Durante gran parte de la historia de la profesión jurídica en México, las mujeres fueron una minoría dentro de las facultades de Derecho, los tribunales y los despachos. Sin embargo, hoy la realidad académica es contundente: las mujeres ya representan más de la mitad de la matrícula de educación superior en el país y, en muchas aulas de Derecho, la presencia femenina es igual o incluso superior a la masculina


La radiografía del ejercicio profesional

Los datos respaldan esta percepción. De acuerdo con el Anuario Estadístico de la Población Escolar en Educación Superior, durante los últimos cinco ciclos escolares las mujeres representaron, en promedio, el 56.6% de la matrícula universitaria, frente al 43.4% de los hombres. En otras palabras, hoy las mujeres ya son mayoría en las aulas mexicanas.


Sin embargo, el crecimiento en las universidades no necesariamente se refleja de manera homogénea en el ejercicio profesional. Según datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) correspondientes al periodo 2018-2023, la presencia de mujeres que ejercen la abogacía muestra importantes diferencias regionales. 


Porcentaje de mujeres que ejercen como abogadas

(Tomado de la Plataforma DERECHO DESIGUAL de Abogadas MX)


La Ciudad de México encabeza la participación femenina en la profesión jurídica, seguida por entidades como Baja California Sur, Baja California, Querétaro y Quintana Roo. En contraste, estados como Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Tlaxcala y Veracruz registran niveles considerablemente menores.


Estas diferencias sugieren que el desafío ya no consiste únicamente en acceder a la formación jurídica. También implica garantizar condiciones que permitan a más mujeres incorporarse, desarrollarse y permanecer en la profesión, independientemente de la región en la que ejerzan.


Estas cifras revelan que, si bien el crecimiento es innegable, el acceso al ejercicio profesional sigue concentrado en polos urbanos y económicos específicos.


Más que una tendencia: una transformación social

El aumento de las mujeres en la abogacía no puede entenderse únicamente como una estadística educativa o laboral. Es, en realidad, el reflejo de una transformación mucho más profunda en la posición social, económica y política de las mujeres dentro de la sociedad mexicana.


Durante buena parte del siglo XX, las expectativas sobre el papel de las mujeres limitaban significativamente sus opciones profesionales. Las carreras no siempre se elegían por vocación, talento o interés, sino por los espacios que la sociedad consideraba apropiados para ellas.


El cambio no ocurrió en el Derecho por sí solo, sino en la sociedad. Con el paso de los años, la redistribución gradual de oportunidades, permitió la expansión del acceso a la educación, la incorporación de las mujeres al mercado laboral y la búsqueda de una mayor autonomía económica modificaron esas reglas. Las nuevas generaciones comenzaron a elegir sus profesiones con base en sus capacidades y aspiraciones, y no exclusivamente en mandatos sociales predeterminados. 


El Derecho como herramienta de cambio

Quizá por ello el Derecho se ha convertido en una de las profesiones donde esta transformación resulta más visible. A lo largo de mi trayectoria, y en las conversaciones que he compartido con muchas colegas, he identificado que existe una afinidad natural que ha atraído a las mujeres hacia esta disciplina. A diferencia de otras profesiones, el Derecho opera sobre los conceptos de igualdad, justicia y distribución del poder.


No es casualidad que el crecimiento de las mujeres en la profesión coincida con una época en la que los grandes debates sociales han cobrado una relevancia sin precedentes. La igualdad de oportunidades, los derechos humanos, la equidad salarial, la participación política, la violencia de género y el acceso a la justicia han dejado de ser discusiones periféricas para convertirse en temas centrales de nuestro día a día. Para muchas de nosotras, la abogacía dejó de ser solo interpretación de normas para convertirse en un mecanismo para cuestionar estructuras históricas y contribuir a la transformación de una mejor sociedad.


La nueva frontera

Cuando algo deja de ser extraordinario para volverse habitual, sabemos que la transformación cultural es de fondo.

Por ello, la conversación actual ya no debe limitarse a cuántas mujeres logramos ingresar a la profesión. La verdadera discusión ahora

es: ¿qué ocurre después?


El reto ya no es solo el acceso, sino:


Quiénes permanecen frente a las barreras de la doble jornada.

Quiénes ascienden a las sociedades de los grandes despachos.

Quiénes lideran las decisiones que moldean el futuro de nuestras instituciones.


El crecimiento de las abogadas en México es la evidencia de que una transformación ya ocurrió. Ahora comienza la etapa crítica: consolidar nuestro liderazgo e influencia en condiciones genuinamente equitativas. Porque la verdadera igualdad no consiste únicamente en abrir las puertas de la profesión, sino en garantizar que quienes las cruzan puedan participar plenamente en la construcción de su futuro. 


*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de su autora y no necesariamente refleja la posición de Abogadas MX.

Daniela Pier

Daniela Pier Suárez es asociada junior de la práctica Laboral de Santos Elizondo⁠. Asesora a empresas nacionales y multinacionales en materia laboral y de seguridad social, participando en proyectos de cumplimiento, reestructuras corporativas y litigio laboral. Es egresada del Tecnológico de Monterrey y realizó estudios internacionales en la Università Cattolica del Sacro Cuore.

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