¿Ha valido la pena?
“Y a todo esto … ¿ha valido la pena?” Una de las preguntas que más me ha tocado escuchar en los últimos años de muchas de las abogadas con las que he tenido la fortuna de trabajar. Una pregunta que me parece inevitable cuando llevas un tiempo trabajando en un sector que es extremadamente demándate de nuestro tiempo, nuestro físico y nuestras emociones (y si … se vale decirlo). Una pregunta inevitable cuando es la décima vez que has tenido que cancelar una cena con los amigos que no has podido ver en un año, ser la única de tu familia sentada en el cuarto del hotel cuando todos están disfrutando en la playa, llegar tarde a la boda civil de una de tus mejores amigas, y particularmente mientras te peleas en el teléfono con [incluya figura aplicable: amigo/date/novio/esposo/miembros diversos de la familia] tratando de explicar porque te toca trabajar de nuevo el fin de semana, o porque los tuviste que dejar plantados de último momento, o porque sigues en la oficina a las 2:00 am.
Estoy segura de que en la explicación número 10,247 todas hemos experimentado ese agotamiento emocional en el que de manera muy genuina te replanteas si el costo de ejercer esta profesión es muy alto contra lo que estás haciendo a un lado, y si es más fácil simplemente vivir de la tierra o dedicarnos a otra cosa.
En mi caso personal, la respuesta nunca ha sido straight forward y a muchas de mis colegas les ha tocado verme pasar por todas las emociones aprendidas en la película de “Intensa mente” mientras recapitulo recuerdos de lo vivido en mi carrera profesional en un intento de formular una respuesta que no haga entrar en pánico a la persona que me ha preguntado.
Debo de admitir que muchos de estos recuerdos se remiten a etapas de cansancio crónico, momentos de frustración y enojo, dudas importantes sobre mis capacidades para llevar una transacción, sobre mi pertenencia al sector o la posibilidad de mantener relaciones a largo plazo, tristezas, incluso recuerdos de un verdadero corazón roto; pero no obstante todo lo anterior, la conclusión invariablemente siempre ha sido un rotundo “sí”.
Sí, ha valido totalmente la pena el proyecto personal creado y desarrollado a partir de decisiones propias. Un proyecto del que me siento profundamente orgullosa y que ha sido, es y seguirá siendo mío con independencia de que llegue otro proyecto, una pareja o una familia.
Sí, ha valido totalmente la pena el desarrollo personal, todas las herramientas que se han tenido que aprender en el camino para regular emociones, para hacerte de una marca propia en el mercado, para ayudar a que un equipo crezca, para lograr equilibrio en tu vida, para conocerte y decidir que lleva prioridad en tu vida.
Sí, ha valido totalmente la pena la independencia financiera que me permite vivir la vida en mis términos y condiciones, y que de manera natural me ha colocado en una posición de paridad de frente a mis relaciones personales. Independencia que hoy en día también me permite decidir que quiero hacia adelante en mi vida ¿algo más a mi carrera como abogada? ¿emprender? ¿ser mamá en la modalidad conveniente? o simplemente dejar todo y dedicarme a recorrer el mundo.
Pero definitivamente, lo que más ha valido la pena, es saber que el pedacito de brecha que me ha tocado abrir, hará las cosas un poco más fáciles para las que vienen detrás. Saber que hoy en día soy una mujer más sentada en la mesa de negociación en una práctica que por muchos años ha sido dominada por colegas hombres. Saber que mi experiencia y la manera en la que se han dado las cosas para mí puede motivar a otras abogas a mantenerse en este camino, así como yo encuentro motivación diaria en todas las abogadas de las que estoy rodeada y que son ejemplos de que las cosas se pueden cuando las quieres lo suficiente.
*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de su autora y no necesariamente refleja la posición de Abogadas MX.