Retos de los despachos de litigio en México ante la reforma judicial de 2024. Entre la empatía y solución de controversias.
Claudia Saldívar
30 de Abril, 2026

La reforma judicial publicada en septiembre de 2024 e implementada durante 2025, colocó a los abogados litigantes frente a una situación inusual en el ejercicio de la profesión, aunque se realizó en nombre de los mejores ideales, encubrió cambios poco “nobles” bajo el discurso de la necesidad de “democratizar la justicia.”(1)


Lo anterior nos obliga a plantearnos algunas cuestiones sobre el ejercicio profesional de los abogados litigantes: ¿cómo actuar ante la incertidumbre jurídica?, ¿cómo resolver problemas jurídicos planteados ante los tribunales cuando se desconfía de la impartición de justicia?, ¿cómo comunicar a los clientes la situación derivada de la implementación de la reforma?, ¿cómo ser empáticos ante los momentos de crisis institucional en relación con el ejercicio de la profesión? y ¿cómo lidiar con los nuevos integrantes del Poder Judicial que carecen de preparación para resolver asuntos jurídicos? Son cuestiones que pueden tener una diversidad de respuestas. 


En un entorno de crisis judicial e incertidumbre normativa, la empatía en los despachos de litigio deja de ser una "habilidad blanda" (2)para convertirse en un activo estratégico de supervivencia.


Durante una crisis, en ocasiones el primer reto que se tiene es que los equipos suelen fragmentarse: aparece el estrés, la incertidumbre y se agudiza la competencia. En este escenario, la solidaridad se convierte en un valor importante, los abogados debemos promover el trabajo colaborativo ayudando a mantener la cohesión del grupo, fomentando la confianza y evitar que el ambiente laboral se deteriore. 

En tiempos de crisis laboral, la empatía y la cooperación son fundamentales para sostener a los equipos. Ante la inseguridad jurídica y los desafíos profesionales, los abogados debemos adoptar una postura abierta y humana, complementando las habilidades técnicas para afrontar la adversidad.


Las firmas legales especializadas en litigio deben funcionar como anclas de estabilidad ante un entorno judicial complejo y cambiante. Este artículo tiene como propósito realizar breves reflexiones sobre la forma en que los abogados postulantes pueden gestionar el ejercicio de la profesión en tiempo de crisis institucional. 


Para atender los desafíos estructurales del litigio se deben considerar tres puntos clave:

1. Gestión de la incertidumbre ante el cliente.

Los abogados litigantes deben saber gestionar proactivamente el estrés financiero y personal del cliente ante la incertidumbre judicial mediante una comunicación clara y empática. Es fundamental explicar riesgos y escenarios sin tecnicismos, validando la inestabilidad del sistema para proteger los intereses en juego y el desarrollo óptimo de la actividad profesional.

2. Empatía operativa: El cuidado del equipo es fundamental en épocas de crisis.

Las crisis judiciales y normativas generan sobrecarga y estrés en los abogados debido a la ineficiencia, falta de preparación y criterios erráticos de los nuevos juzgadores. Ante esto, es indispensable: (i) ejercer un liderazgo humano que reconozca el agotamiento del equipo para evitar errores críticos en el litigio; (ii) implementar espacios de desahogo para gestionar la frustración y mantener la calidad del servicio centrada en el cliente; y (iii) finalmente, la capacidad del equipo para unirse y adaptarse ante cambios estructurales en la impartición de justicia lo que puede determinar su permanencia o desaparición.


3. La empatía como diferenciador competitivo.

Para garantizar la calidad y permanencia de la firma en esta crisis judicial, se requiere adaptación estructural y sensible. La capacidad técnica no es suficiente, se requiere liderazgo para guiar a los equipos basado en la solidaridad, el acompañamiento estratégico y la capacidad de potenciarlos ante la vulnerabilidad del sistema judicial, buscando: (i) la humanización del litigio, transformando la relación cliente-firma generando lealtad más allá del resultado; y (ii) analizar la posibilidad de priorizar una solución alternativa, identificando cuando es mejor la mediación en lugar de esperar una sentencia incierta, priorizando la paz del cliente sobre la facturación por horas de litigio, lo importante es la solución del conflicto.


Inteligencia emocional y gestión asertiva del riesgo son claves para convertir al despacho en socio estratégico del cliente, lo cual obliga a moderar pronósticos en casos complejos.

Adicionalmente, para gestionar la crisis judicial, es clave empatizar con los nuevos juzgadores y adaptar la comunicación. Esto implica eliminar sesgos, ser claros y concisos, guiar al juez hacia nuestra postura para asegurar una defensa efectiva.


En tiempos difíciles, no basta actuar con empatía sino también con ética, transparencia y compromiso certero, las crisis ponen a prueba la eficiencia y la calidad de las relaciones dentro del equipo y hacia los clientes, priorizar lo anterior es indispensable para una estrategia sostenible.

En conclusión, la empatía laboral es fundamental para hacer frente a la crisis judicial, ayuda a convertir los desafíos en resiliencia a través de la escucha activa y la flexibilidad. Al combinar componentes cognitivos, afectivos y conductuales se fortalece la cohesión y la innovación, permitiendo un litigio eficaz y mejorando la gestión integral de riesgos y controversias.


*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de su autora y no necesariamente refleja la posición de Abogadas MX.


Referencias:

(1) López Noriega, Saúl y Martín Reyes, Javier (coord.) La tormenta judicial. Implicaciones de la Reforma de 2024 en México. Nexos, Sociedad, Ciencia y Literatura. https://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/wp-content/uploads/2025/05/la-tormenta-judicial.pdf 


(2)Véase: Habilidades blandas: cómo desarrollar estas competencias en las empresas. 

https://www.ispring.es

Claudia Saldívar

Claudia Saldívar Hernández es abogada postulante en materia de Derecho Procesal Constitucional, egresada de la Escuela Libre de Derecho y de la Maestría en Derecho Constitucional y Derechos Humanos por la Universidad Panamericana, Socia Sénior de Arámburu, Saldívar, Vázquez, Rodarte y Moreno desde 2006 hasta la fecha, con una experiencia profesional de más de 28 años., ha asesorado a diversas empresas en litigios constitucionales complejos con una óptica de Derechos Humanos.

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