Inspiración y mentoría que nos encuentra
Durante mucho tiempo pensé que las mujeres que inspiran eran aquellas que encabezaban empresas, ocupaban posiciones de liderazgo o hacían historia. Pensaba en grandes referentes, en trayectorias extraordinarias y en historias que parecían lejanas. Con el tiempo entendí que la inspiración suele estar mucho más cerca de lo que imaginamos.
Recientemente asistí a un evento en el que tuve la oportunidad de conocer a chicas que, sin saberlo, cambiaron mi perspectiva. Algunas me contaron que habían recorrido cerca de cuatro horas para poder estar ahí. Habían salido de madrugada y organizado su día para llegar, pero hablaban de la experiencia con entusiasmo, de lo que querían aprender, de las personas que querían conocer y de las oportunidades que esperaban encontrar.
Escucharlas me hizo pensar en que muchas veces evaluamos las oportunidades desde nuestra propia realidad. Hay ocasiones en las que dejamos pasar algo porque implica más tiempo, más distancia o modificar nuestra rutina. Y aunque cada persona conoce sus propias circunstancias y límites, también vale la pena recordar que lo que para alguien puede parecer demasiado lejos o demasiado complicado, para otra persona puede representar una oportunidad que vale la pena perseguir.
Esa diferencia de perspectivas no vuelve una decisión mejor que otra, pero sí nos recuerda que no todas las personas recorren el mismo camino ni cuentan con las mismas condiciones para hacerlo. Detrás de muchas trayectorias profesionales existen esfuerzos que no siempre vemos: largos traslados, jornadas que combinan estudio y trabajo, decisiones difíciles y personas dispuestas a reorganizar su vida para acercarse a aquello que quieren construir.
Reconocerlo también nos invita a valorar de otra manera las oportunidades que tenemos y a preguntarnos qué podemos hacer para que más personas puedan acceder a ellas.
Ese día comprendí que la inspiración y la mentoría no solamente se encuentran en figuras reconocidas o en programas formales. Están en las personas que forman parte de nuestro día a día.
La encuentro en las mujeres que han estado presentes mucho antes de pensar en una carrera profesional. En quienes trabajan, cuidan de los demás y, aun cansadas, encuentran la manera de seguir adelante. En quienes apostaron por oportunidades, aunque eso significara pasar horas trasladándose todos los días. En quienes tuvieron el valor de cambiar de rumbo cuando entendieron que un lugar que parecía ser una gran oportunidad ya no era donde querían crecer.
Cada historias deja algo. Algunas enseñan que la constancia también es una forma de valentía. Otras, que no hay nada malo en cambiar de camino. Otras simplemente muestran que muchas de las posibilidades que hoy vemos como normales fueron construidas primero por alguien que estuvo dispuesto a hacer un esfuerzo para que existieran.
Encuentro inspiración todos los días en el trabajo. En las personas que, aun teniendo mil pendientes, encuentran la manera de hacer más ligero un día complicado. En quienes recuerdan que trabajar duro no significa dejar de disfrutar lo que hacemos. En quienes, entre pendientes y conversaciones, terminan enseñándonos un poco de la vida.
Está también en esas amistades que nacen en el trabajo y terminan siendo mucho más que eso. Personas con quienes podemos compartir preocupaciones, pedir consejos o simplemente reírnos después de un día pesado. Una relación profesional también puede estar llena de complicidad, guía y apoyo.
Pienso también en quienes, aun teniendo sus propias responsabilidades, siempre encuentran tiempo para explicar algo que no entendemos. Personas a las que podemos hacerles una pregunta, por sencilla que parezca, y que nunca nos hacen sentir que ya deberíamos saberlo.
Están quienes nos impulsan desde la exigencia. Quienes nos corrigen, nos cuestionan y nos hacen querer dar más, no porque crean que no somos suficientes, sino precisamente porque confían en que podemos hacerlo mejor. Son personas que nos recuerdan que todavía tenemos mucho por aprender y que crecer también significa estar dispuestos a escuchar.
Todas estas personas enseñan algo diferente. Algunas enseñan a trabajar, otras a poner límites, otras a perseguir metas y otras simplemente a hacer más llevadero el camino. Quizá eso es lo que más me gusta de la mentoría: no siempre tiene que ser formal. Muchas veces sucede en una conversación, en un consejo, en una explicación, en una oportunidad compartida o simplemente en alguien que decide acompañarnos.
Tener una red de apoyo no significa depender de los demás para avanzar. Significa saber que no tenemos que descubrirlo todo por nuestra cuenta. Siempre puede existir alguien que ya pasó por aquello que apenas estamos enfrentando, alguien que puede compartir una experiencia, acercarnos una oportunidad, explicarnos algo o recordarnos nuestras capacidades cuando empezamos a dudar de ellas.
En el derecho, donde tantas veces parece que tenemos que encontrar nuestro propio camino mientras aprendemos a desenvolvernos en una profesión exigente, contar con personas así puede cambiar por completo la experiencia. Una recomendación puede acercarnos a una oportunidad. Una conversación puede abrirnos una nueva posibilidad. Una explicación puede darnos confianza. Y una persona que cree en nosotros puede hacer que nos atrevamos a dar el siguiente paso.
Ninguna trayectoria se construye completamente sola. Y cuando una persona extiende la mano a otra, no solamente está ayudando a alguien a avanzar, está contribuyendo a construir una profesión en la que haya más espacio, más oportunidades y más caminos para todos.
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