¿Y si el éxito profesional no fuera a estar siempre disponible? Una gran carrera empieza por cuidar de quien la ejerce
Existe una idea que muchas hemos normalizado: que una buena abogada es aquella que siempre está disponible. La que responde un correo más, acepta un asunto más o sacrifica unas horas más de descanso. Con el tiempo tendemos a confundir disponibilidad con compromiso y agotamiento con éxito. Sin darnos cuenta el trabajo comienza a ocupar espacios que antes pertenecían a nuestra vida personal y poner límites deja de sentirse como una opción que podamos ejercer libres de culpa.
Quizá es momento de preguntarnos si ese ritmo realmente nos convierte en mejores abogadas o simplemente en personas más cansadas. Debemos recordar que nuestra principal herramienta de trabajo no es un código ni una computadora, es nuestra mente. Y como cualquier otra herramienta, su desempeño depende del cuidado que le demos.
Cada una de nosotras tiene proyectos, metas y prioridades distintas, por lo que también es distinto el tiempo, la energía y el esfuerzo que decidimos dedicar a cada uno de nuestros proyectos. Para algunas de nosotras, uno de esos proyectos prioritarios es el derecho y es completamente válido decidir dedicarle más tiempo del estrictamente pactado. Sin embargo, el problema surge cuando invertimos la lógica de nuestras vidas y nos vemos como abogadas antes que como personas. Llegamos al extremo de sentir que necesitamos una excusa (un evento importante o una cita médica) para disfrutar de nuestro tiempo personal.
Independientemente de la prioridad que le demos a nuestra profesión, es indispensable tener una vida después del trabajo. Necesitamos alimentar nuestro cerebro en un ambiente libre de estrés. Necesitamos descanso, no solo porque es un derecho y nos lo merecemos, también porque nos conviene. Los espacios recreativos son el terreno donde se cultiva el pensamiento divergente. Cuando el cerebro dispone de momentos para procesar la información en segundo plano, fomentamos la creatividad, la memoria y nuestra capacidad para resolver problemas.
No es sorpresa para nadie que nuestras mejores ideas lleguen en la regadera o durante una caminata en silencio. La neurociencia lo respalda, el cerebro no se apaga cuando dejamos de trabajar. Al contrario, activa la llamada Red Neuronal por Defecto (“DMN”, por sus siglas en inglés), un conjunto de regiones del cerebro que se activa precisamente cuando la mente divaga o no está enfocada en una tarea externa.
Hay estudios que muestran que las personas con mayor capacidad creativa tienen una conectividad mucho más fuerte en esta red (Beaty, 2014, publicado en Neuropsychologia), y otros que demuestran que interferir con la actividad de la DMN reduce de forma medible la originalidad de las ideas que somos capaces de generar (Bartoli et al., 2024, publicado en Brain).
Como abogadas, deberíamos ver la creatividad como una competencia profesional. La necesitamos para negociar, para redactar, para resolver conflictos y para adaptar estrategias jurídicas. Y como toda competencia, la creatividad también se entrena y, la mayoría de las veces se entrena lejos del escritorio.
El cerebro necesita experimentar curiosidad, ilusión y asombro. No solo porque a la larga nos hace más productivas, sino porque nos recuerda que somos personas fuera de la oficina. Que el descanso mejore nuestro desempeño es una consecuencia positiva y bienvenida, pero nunca debería ser la condición para otorgárnoslo.
Descansar y tener tiempo recreativo le da a nuestra mente el espacio que necesita para recuperarse, nos da claridad, paciencia y perspectiva. Al final del día, el verdadero desafío de nuestra generación es comenzar a definir la excelencia profesional por nuestra claridad para pensar, nuestra capacidad de establecer límites saludables y la posibilidad de construir una carrera sostenible que se pueda disfrutar durante toda una vida.
Ninguna meta profesional es superior a otra, pero todas requieren de una persona capaz de sostenerlas durante décadas, no solo durante los primeros años de nuestro ejercicio profesional.
Una carrera exitosa no se construye únicamente con horas facturadas. Se construye también con horas de sueño, conversaciones con quienes queremos, caminatas, libros, hobbies, risas, movimiento y tiempo para sorprendernos del mundo. Porque todo eso también alimenta la mente con la que ejercemos el derecho.
Para tener una carrera sostenible necesitamos espacios para ser algo más que abogadas. Tal vez la verdadera medida del éxito profesional no sea cuánto tiempo permanecemos disponibles, sino cuánto tiempo somos capaces de disfrutar ejerciendo la profesión que elegimos, cuidando de nosotras.
*El contenido de este artículo es publicado bajo la responsabilidad de su autora y no necesariamente refleja la posición de Abogadas MX.
Referencias:
https://academic.oup.com/brain/article/147/10/3409/7695856
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0028393214003248?via%3Dihub